Archivo de la categoría: Días de Reflexión

DÍAS DE REFLEXIÓN incluye textos teóricos sobre la FxN, comentarios sobre otras páginas y textos o libros sobre el tema

¿Qué es PREGUNTAR?

Preguntar es transmitir una duda, hasta aquí es fácil, y se comprende rápido; una duda que puede encontrar respuesta en el otro o no, en cuyo caso, el otro se quedará también con la duda.

Hay muchos tipos de preguntas, pero en una primera aproximación desde la FxN podemos diferenciar entre preguntas generadoras y preguntas no generadoras. Estas últimas tratan acerca de la información, ya sea para encontrarla, o para transmitirla veladamente; las generadoras tratan sobre todo acerca de una actitud (otra cosa es que esta actitud pueda generar información).

La pregunta generadora está orientada al proceso que genera más que a la pregunta misma. Como toda pregunta marca el ámbito de investigación y respuesta. Por ejemplo, estamos investigando sobre la violencia en el juego y alguien pregunta “¿en qué espacios ocurre con más frecuencia que el juego se vuelva violento?”, esta pregunta concentra los esfuerzos en un ámbito concreto.

Sin embargo la pregunta generadora tiende a minimizar este efecto en busca de una apertura a distintos puntos de vista. Así, siguiendo con el mismo ejemplo, una pregunta aun más abierta podría ser “¿qué es jugar?”. No va a haber una respuesta que cierre esta pregunta, pues enseguida podremos llegar a la multiplicidad de sentidos, entre los que encontramos que jugar puede ser “imitar distendidamente una actividad seria (jugar a los papas y las mamás)”, “manipular (jugar con alguien)”, “practicar una actividad reglada y con una finalidad (jugar al parchís, jugar al fútbol)…

En Filosofía para Niños vamos a trabajar con preguntas generadoras, muchas de ellas pueden ser planteadas por el facilitador para marcar ese terreno de juego en el que se va a desarrollar la investigación. Sin embargo, el momento crucial se da cuando surge la pregunta filosófica.

La pregunta filosófica tiene la particularidad de que iguala a todos, porque surge como un problema que no tiene respuesta única. Así, por ejemplo podemos llegar desde lo anterior a plantear lo siguiente “¿qué es un juego?”, y que esta pregunta se presente a todos los miembros de la comunidad de investigación como un problema, algo que le afecta personalmente, que es importante para solucionar asuntos propios.

Quien se pregunta así estará dispuesto a considerar otras visiones y tratará de investigar sus consecuencias y las conexiones que tienen con otro tipo de problemas. No vamos a pedir eso en las primeras sesiones de FxN, pero es un objetivo.

Anuncios

El profesor Deleuze

Como profesor me gustaría lograr dar una clase como Dylan, que más que un autor es un asombroso productor, organiza una canción. Empezar como él, de golpe, con su máscara de clown, con ese arte de tener previsto cada detalle y que sin embargo parezca improvisado. Justo lo contrario de un plagista, pero lo contrario también de un maestro o de un modelo. Ni método, ni reglas, ni recetas, tan sólo una larga preparación. Bodas, pero no parejas ni conyugalidad. Tener un saco en el que meto todo lo qeu encuentre, pero a condición de que también me metan a mí en un saco. En lugar de resolver, reconocer y juzgar, hayar, encontrar, robar. Reconocer es lo contrario del encuentro.

En el recomendabilísimo libro de Walter Omar Kohan “Infancia entre educación y Filosofía” tenemos este fragmento citado de una obra de Deleuze (G. Deleuze, C. Parnet, Diálogos). Lo que plantea Kohan a través de Deleuze y otros autores, no es tanto enseñar Filosofía a los niños como filosofar con ellos, es decir ponerse a filosofar, con el cuestionar y cuestionarse  que eso implica, mediante sus intereses, su manera de llegar a los problemas; sumando nuestra forma de enfocar, pero quedándonos dentro también de ese saco.

Galería

¿Qué es la METACOGNICCIÓN?

Respuesta corta -> es el pensamiento sobre el pensamiento Respuesta larga, ¡pero! más útil -> Pongamos la siguiente adivinanza: Una mañana con el amanecer, una devota de la santina de Covadonga sube a pie a la montaña a meditar. Desde la … Sigue leyendo

La FxN y la Filosofía como saber derivado

Conocimiento del medio, matemáticas, lengua española, expresión plástica… a través de todas sus materias los niños van a adquirir conocimientos que, si bien se les enseña que son útiles para su vida actual (en cuanto niños), también se les reitera que sobre todo lo serán para su vida adulta. Pero es cierto, son saberes que les son útiles para comprender lo que están viviendo.

En el Seminario sobre Lógica y Lectura Reflexiva tenemos la suerte de trabajar con ellos a través de una dinámica que les pide que usen todos los conocimientos previos. Así, por ejemplo, la comunidad de investigación formada en el aula utiliza lo aprendido en Lengua Española para realizar la lectura comprensiva, gracias a Conocimiento del Medio resuelve algunas dudas que los libros que usamos les suscita, incluso las matemáticas no solo nos permiten a los facilitadores introducir nociones lógicas, si no que les resulta muchas veces indispensable. En el Seminario nos encontramos con ejemplos de todos estos casos.

Y es normal que sea así, porque en la Filosofía para Niños todos estos conocimientos son como hilos con los que tejer nuevos saberes, pues hay problemas, que exigen que la comunidad de investigación recurra a ellos y entienda que tienen entre sí una relación como la que hay entre los diferentes hilos de colores de un tapiz. No en vano la filosofía es un saber derivado. Mas adelante, cuando estudien Historia de la Filosofía, verán que lo que escribía Platón o Marx se nutría de los conocimientos y los valores que había en su época, y (si se lo explican bien) estudiarán la filosofía de estos autores en relación a eso. Pero ahora, hoy en el aula, si los niños se ponen a filosofar, igual que lo hicieron estos autores van a partir de los intereses valores y conocimientos que tienen en el momento, es decir, como niños que son; y sus resultados, si están bien formulados, serán para ellos tan válidos como lo fueron los de Aristóteles para el momento histórico en el que los planteó. ¿Cuál es la fuente de la que extraen los niños estos conocimientos previos? lo decíamos antes: las materias curriculares y las vivencias.

Una manera que utilizamos para hacer ver esto a los chicos es la siguiente. Ante cualquier problema que plantea la lectura cabe preguntar <<¿en qué lugar podríais buscar información para resolverlo?>>. Las respuestas suelen ser: en un libro, en Internet, preguntando a una persona mayor, preguntando al profesor… Pero se puede volver a preguntar << ¿en qué libro? ¿a qué profesor consultar?>> Y así se ve claro: hay dudas que se resuelven rápidamente mirando el diccionario, o con el libro de conocimiento del medio, pero algunas no son tan fáciles.

Son estas “dudas complejas” las que nos inquietan. Podemos usar el diccionario para ayudarnos, podemos consultar todos los libros que nos enseñan a manejar en el colegio y aun así no se resuelven. Prueba de ello es, que mientras otro tipo de problemas o bien terminan con un acuerdo de toda la clase (como los problemas de matemáticas), o bien con una solución imaginativa y personal (como los retos artísticos de expresión plástica), esta clase de “dudas complejas” no dejan de inquietar y hasta crear conflictos entre los miembros de la clase.

Un ejemplo que se repite es que cuando la comunidad de investigación buscaba una buena razón que explique << ¿qué es un cometa?>> (por poner un ejemplo al que da pie el primer capítulo de El Descubrimiento de Harry), fácilmente todo se resuelve apelando al diccionario y al libro de conocimiento del medio, pero cuando busca resolver <<¿qué es un amigo?>>, no sucede igual. Desde luego ayudamos a los niños para que puedan trenzar los hilos extraídos de las materias de Conocimiento del Medio, del diccionario, de Religión… pero aun así no se resuelve.

Texto de Gabriel Arnaiz

Así termina este magnífico artículo de Gabriel Arnaiz

No nos parece una idea tan descabellada que nuestros alumnos dediquen, por ejemplo, una hora a la semana a filosofar en grupo sobre alguna cuestión importante de sus vidas, esto es, que reserven un tiempo semanal para “tomarse un respiro” y reflexionar sobre cómo están llevando sus vidas, sobre cómo está el mundo en el que viven, sobre sus pensamientos e ideas, etc. Del mismo modo que el Gobierno español está considerando la posibilidad de que los centros educativos dediquen obligatoriamente una hora a la semana a la lectura, ¿por qué no podría hacerse lo mismo con la práctica del pensamiento? ¿O es que es menos importante pensar que leer? Nos atreveríamos incluso a afirmar lo contrario: que es mucho más importante que los alumnos (especialmente si son adolescentes) reflexionen sobre sus actos y sus consecuencias antes de actuar, sobre su vida cotidiana, sobre sus problemas y los del mundo en el que habitan a que lean durante una hora un libro sobre quién sabe qué. Es más, las dos actividades no tendrían por qué excluirse mutuamente: se podría dedicar un tiempo a leer y otro a reflexionar sobre lo leído.

Es cierto que nuestros alumnos deben leer más, pero es urgente que también piensen mejor y sean capaces de expresarse correctamente de forma oral y sepan argumentar sus opiniones, si queremos que el día de mañana actúen como individuos responsables y como ciudadanos participativos.

Hacer clik -AQUÍ- para leerlo entero.

El niño Emilio de Rousseau

Cuenta Henry Wallon en el estudio introductorio a “Emilio” de Rousseau lo siguiente:

<<El mayor descubrimiento es, sencillamente, el niño. Ya hemos visto que la sociedad de la época, por lo menos en las clases altas, lo ignoraba. Nótese, por otra parte, que la literatura clásica apenas se ocupaba de los niños. ¿Quién, entre los grandes escritores del siglo XVI – XVIII supo pintar al niño? En cuanto a las artes plásticas, representan a chicos y chicas vestidos igual que sus padres, modelos reducidos.”

Así, Rousseau es uno de los primeros en hablar del Niño. Pero es muy curioso el niño al que él presenta, es increíblemente llamativo este niño llamado Emilio. Tiene cuerpo de adulto, está aislado completamente del resto de sociedad, todas las cosas que le rodean parecen controladas por su educador, el mismo Rousseau.

La situación es bizarra. A mi entender el libro parece seguir la línea de los filósofos modernos que se preguntan por la posibilidad del conocimiento y, empezando por lo más básico van construyendo esta posibilidad, la fenomenal diferencia es que si en aquellos el tema se presenta de una manera más abstracta, aquí se presenta a través de un personaje Emilio que va evolucionando, que va creciendo en el arte de conocer.

Pero Rousseau a parte de que pinte al niño Emilio con cuerpo de adulto y como proyecto de adulto parte de una crítica a las líneas pedagógicas que estaban más instauradas gracias a los colegios Jesuitas. “Los más juiciosos […] buscan siempre el hombre en el niño, sin comprender lo que es antes de ser hombre”.

Vamos a ver de forma muy incompleta cual es el “Hombre” de Rousseau, antes de indagar en cómo llega el niño a serlo.

Rousseau apela siempre a una Naturaleza interna en cada hombre que nos iguala. Para él, es en el desarrollo posterior de la persona donde la sociedad marca en cada uno las diferencias. Y estas diferencias son negativas en tanto que imposibilitan la realización de la voluntad de cada uno de una forma autónoma.

Podemos aproximarnos a lo que quiere decir Rousseau con voluntad. En el Emilio dice que “el único que actúa según su propia voluntad es el que para realizarla no tiene necesidad de ayuda”, y así, “el libre solamente quiere lo que puede y hace lo que le place”. De esta forma la raíz de la voluntad está en el conocimiento de lo que uno puede y el control de lo que le place, y ambas cosas hunden sus raíces en lo que sería la primera guía del hombre: la Naturaleza. Toda frustración posterior (hablando del individuo) o todo problema social (si nos referimos a la colectividad) suceden por no comprender esa Naturaleza. En cuanto a lo que “uno puede”, vemos que es lo que puede “sin ayuda”, y en cuanto a “lo que le place”, es decir, la guía de su acción, Rousseau apela a la “conciencia”.

La conciencia es algo también natural. La guía de las acciones de todo hombre no ha de ser la razón sino el sentimiento. Pero ha de entenderse: el sentimiento natural (no el tapado por las opiniones humanas) que se trata de una forma de sentir que es igual a todos en tanto que somos hombres. Esto es muy importante porque es lo que hace que confluyan las diferentes voluntades aun encontrando su fuerza en la individualidad más fuerte.

Esta manera de pensar pone a Rousseau frente a la tendencia más extendida en la Europa del XVIII: el racionalismo materializado en la consideración del saber como un saber enciclopédico. Para Rousseau es mucho más importante el sentimiento.

Esta sensibilidad tiene un origen natural. Así el hombre se ve afectado por diferentes cosas hacia las que tiene sensaciones agradables o desagradables, a partir de las cuales, si todo sigue un curso natural, aparecerá (pero en un segundo momento) la idea de felicidad en nuestra razón. Lo único que puede hacer que este proceso se tuerza son los hábitos que la sociedad impone y que derivan, en el interior de los sujetos, en opiniones. Hábitos y opiniones son una mutación humana de la naturaleza.

Un hombre libre, es un hombre liberado de esas opiniones y esos hábitos, y la prueba la encuentra Rousseau en que quien ha adquirido costumbres por fuerza del hábito antinatural podrá desenvolverse sólo mientras las condiciones que las posibilitan no cambien, porque si esto sucede, no podrá mantenerse. A la luz de esta idea hay que ver al “Hombre” de Rousseau, que iguala a todos y que es base sobre la que posteriormente se investigará sobre los derechos humanos. Para él este Hombre es unidad y medida, perfectamente integrado en la naturaleza como algo distinto a la cultura.

El niño del que habla Rousseau tiene ya desde el principio estas tres guías: la naturaleza, los hombres (con sus hábitos) y las cosas (dispuestas a su alcance y hacia las que siente atracción o rechazo).

El objetivo es alcanzar la libertad ya que a diferencia del hombre libre él no puede ser independiente por estar desvalido, necesita ayuda. De hecho, el niño, a diferencia del hombre no tiene “voluntades”, sino “fantasías”, que define como “deseos que nos son verdaderas necesidades y que solo se satisfacen con ayuda ajena”. Y para dar el paso de la fantasía a la voluntad Rousseau incita a los hombres a no satisfacer las fantasías, y, muy al contrario, dejar que sea la determinación de las cosas y la dependencia que imponen la guía para que el niño descubra la Naturaleza como verdadera maestra. Y es que las tres guías que citábamos antes son tres maestros para el niño: naturaleza, hombres y cosas. El niño debe aprender por el impulso de su propia naturaleza, motivado por su propia fantasía, y no bajo la imposición de los hábitos que pueden darle los hombres, la primera maestra por tanto es la naturaleza (su ser biológico). Además debe estar sometido a la determinación del medio físico, las cosas. El tercero de los maestros, el hombre, debe ser un mediador entre ambos maestros.

Lo que Rousseau propone al fin y al cabo, es que el maestro disponga de tal modo las cosas como para que el niño con intención de satisfacer tal fantasía adquiera un conocimiento que sea natural. Rechaza cualquier tipo de conocimiento adquirido por fuerza de hábitos o razonamiento (entendido como discurso elaborado) a favor de aquel al que se llega por un método que lleve al niño, en su relación con las cosas, a comprender su naturaleza.

Este ser hombre, es al mismo tiempo el sí mismo, puesto que es autonomía, independencia. Y el niño solo llega a él descubriendo su sí mismo en su ser actual como niño. Es por esto que Rousseau rechaza cualquier tipo de educación que “sacrifica el tiempo presente por un porvenir incierto, que carga con cadenas de toda especie a un niño, y lo tortura preparándole para una lejana época de ignota felicidad, la cual tal vez no disfrutará jamás”.

Pero ¿cuál es el sí mismo del niño? Creo que Rousseau no contesta a esto ni siquiera desde su propio planteamiento. Y creo que le sería difícil hacerlo presentando a un niño completamente aislado de la sociedad. Su sistema de la educación natural define algunas de las características del niño que él ha sacado a través de su experiencia personal. Pero los niños con los que él ha tratado parecen ser de un tipo particular: clase alta, grandes herederos, niños que viven rodeados de adultos serviles. Así que las características escasas que él da al niño en cuanto niño son tales como egoísmo o vivencia del mundo en absoluto presente, no sé si va más allá.

En todo caso Rousseau como señala Henry Wallon es uno de los primeros en poner su atención en el niño como objeto de reflexión y esto es un paso muy importante.

Un acuerdo tácito

Quería reseñar algo que me pasó hoy en el Colegio Sagrada Familia con los niños de 3ºEPO, es un ejemplo de cómo funcionan los niños.

Estoy dando con ellos el “Pixie” de Lipman. Mi idea para hoy, viendo los complicados problemas de disciplina que tiene el grupo desde que se incorporó hace poco un alumno conflictivo, era tratar el tema de las normas. Para ello modifiqué un poco un plan de trabajo que propone Lipman en el capítulo.

Durante el transcurso de la actividad un niño se quedó apartado con la cabeza baja y no haciendo caso de nadie. Tampoco nadie le hacía caso a él, a pesar de que estaba dando pataditas a la silla de un compañero. Para incluirle propuse un cambio de actividad y que el que iniciase el nuevo juego fuera el más moreno de todos.

La situación fue que hay tres chicos morenos en clase, y aunque él es uno de ellos no es el más oscuro, así que de primeras todos dijeron el nombre del que verdaderamente lo es. Sin embargo, propuse votación: y lo que ocurrió entonces es que el que se estaba aislando se sintió interpelado y se rio, y los demás entonces, decidieron votarle a él.

Todos sabían que realmente no es el más moreno, pero de algún modo tácito entendieron que él se estaba animando a participar y le quisieron alentar. Y sin embargo, seguro que de haberles preguntado no lo habrían reconocido, seguro que ni fueron conscientes de su gesto, pese a ello, actuaron de una forma que requiere sensibilidad y cierta complejidad en el pensamiento.

Ársel